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Exportar o no exportar…¡Esa es la cuestión!

Escribe Susana Merlo

El análisis de la balanza comercial argentina 2016, aunque volvió a ser apenas superavitaria para el país, mostró varias cosas, y ninguna de ellas demasiado buenas.

Es que globalmente, la suma de exportaciones e importaciones dejó al descubierto el estancamiento del comercio aunque, sin duda, lo más grave, fue que el saldo positivo no se debió a un crecimiento genuino de las ventas al exterior, que casi se mantuvieron en los mismos niveles del año anterior, sino a una marcada caída de las importaciones. Y esto, aunque a algunos políticos les sirve para argumentar que “se achica la dependencia del exterior”, o que el país “vuelve a vivir con lo nuestro”, la realidad es que tal baja de las compras en el exterior (bienes de capital, intermedios y materias primas) responde, sola y exclusivamente, a la caída de la actividad industrial, que es la que demanda esos rubros.

De ahí la inquietud de los hombres de negocios y el gran interrogante de observadores y analistas. Es que si, efectivamente, en un año de elecciones el gobierno tiene como objetivo central -declarado- los comicios de octubre, es casi obvio entonces, que los recursos (escasos) se van a orientar más hacia los consumidores locales que a los productores.

A partir de ahí hay más preguntas que respuestas. Por un lado, la creciente falta de competitividad de los productos locales, erosionados por inflación, altas cargas fiscales y laborales, “costo argentino” récord, etc.

Esto, sumado a la mala performance histórica de muchos productos, en general de manufacturas industriales, que solo lograron colocarse en el exterior gracias al aporte de tipos de cambio diferenciales favorables.

Desde ese punto de vista el asunto se circunscribiría entonces al mercado interno, sin embargo, este tiene relativa poca flexibilidad a la suba en esta etapa ya que, por ejemplo, en materia de alimentos como leche, carne, harina, etc., se encuentra por ahora estabilizado en volúmenes relativamente altos, mientras que la “línea blanca”, electrodomésticos, indumentaria, o suntuarios, tienen la limitante de una población comparativamente chica, por lo que la demanda es acotada.

Aunque en ese caso, se podría pensar que el Gobierno, con un mercado interno suficientemente abastecido, y con muy poca competencia por las exportaciones, lograría su objetivo de tener a los consumidores conformes . Pero entonces surge la gran pregunta: ¿pueden productores y fabricantes locales, sostenerse otro año sin exportar??. Y si no es así, no se cerrarían muchas fuentes de trabajo y se frenaría más la actividad económica?.Los gobernadores, que también tienen elecciones, ¿aceptarán ese “golpe” con cierres de plantas, o con mano de obra ociosa?.

Y si se vuelve a poner la mira sobre el comercio exterior como una de las pocas formas de crecer y mover la economía, sobre todo en las provincias, entonces hay que destinar recursos extra para poder mejorar la competitividad sin devaluar (que sería “impolítico”, según el Gobierno), y sin haber conseguido bajar el “costo argentino”, para lo cual habrá que esperar 4-5 años para comenzar a ver los primeros “brotes verdes”.

Hasta ahora, y el año pasado no fue la excepción (al contrario), los rubros más competitivos para colocar en el exterior estuvieron mayoritariamente ligados al sector agroindustrial. De hecho, prácticamente fueron los únicos que mostraron aumento en los montos y justificaron cerca del 70% del total de las divisas ingresadas.

Granos, aceites, subproductos, volvieron a estar a la cabeza de las ventas, mientras el resto se estancaba o, directamente, retrocedía.

Por supuesto que alguno podrá sostener que esto sucedió porque en los últimos meses del 2015, ante la inminencia del cambio de autoridades, se frenaron las ventas al exterior a la espera de una mejora en el atrasado tipo de cambio que, se descartaba, en cualquier escenario político que triunfara.

Esto, lógicamente, acumuló los embarques postergados en el primer trimestre del año pasado pero, simultáneamente, la falta de reactivación económica posterior, y el retraso en registrarse avances, determinaron la caída de la actividad industrial y, con ella, la baja de las importaciones que aparece como la causa principal del superávit que finalmente logró la balanza comercial.

La gran duda ahora, es si efectivamente la Administración Macri se va a abocar al mercado interno destinando el grueso de los recursos solo a los grandes centros poblados, o tendrá algún equilibrio para que las plantas procesadoras e industrias que producen transables, puedan mantener los niveles de actividad, y con ellos la mano de obra ocupada, y el ingreso de divisas genuinas.

Exportar, o no exportar…¡Esa es la cuestión¡¡.