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Aniversario nefasto…

Escribe Susana Merlo

Aunque pocos seguramente lo recuerden, este miércoles 6 de marzo es la conmemoración 13º de uno de los hechos económicos más absurdos e inexplicables de los muchos a los acostumbra periódicamente la política local.

Ese día de 2006, sin embargo, el entonces presidente Néstor Carlos Kirchner procedió a una decisión inédita, cuyas consecuencias aún se están tratado de superar, y que consistió en el CIERRE de las exportaciones de carne vacuna argentina, con el fin de “aquietar” los precios internos del producto y, según un muy raro argumento: “preservar la mesa de los argentinos”.

Y, aunque la carne vacuna siempre había sido uno de los productos más intervenidos por cualquiera de los gobiernos desde mediados del siglo pasado en adelante, ninguno había tenido la osadía de, directamente, cerrar las transacciones al exterior, situación equivalente a que Japón dejara de exportar autos, o Chile cobre.

Lamentablemente en aquel momento no hubo una reacción de la sociedad como conjunto, ni siquiera desde el sector agropecuario, acorde a la magnitud del desastre que se estaba configurando.

Casi se dejó pasar pero, como siempre, no se pudieron evitar las consecuencias.

Sin duda la carne vacuna argentina constituye uno de los productos más emblemáticos del país y el origen de las exportaciones locales, después de los cueros salados.

También fue iniciadora de la riqueza pecuaria y del desarrollo territorial de la mano de los alambrados de fines del siglo XIX. Luego la mestización, con haciendas más refinadas proveniente de Europa del norte, en especial de Inglaterra (Shorthorn, Hereford y Aberdeen Angus) sobre los más rústicos Ibéricos que habían dejado los españoles, hizo el resto.

Esta ganadería fue la que permitió al mundo conocer las feraces planicies argentinas, y su aún hoy reconocida “carne de pasto”, plato típico para cualquier turista que arribe al país, y ahora incursionando también en el raro paladar asiático.

La suerte de la ganadería vacuna, sin embargo, fue dispar. Desde el récord de inversiones y desarrollo en rodeos y frigoríficos de los ingleses en las primeras décadas del siglo XX, a períodos de profundo ostracismo con controles de precios, valores máximos, cupos de exportación, hasta el cierre absoluto de la Administración Kirchner, hace 13 años atrás, pasó mucha agua bajo el puente, y la falta de políticas específicas claras, que determinó también distintos problemas sanitarios como la aftosa (que impidió por décadas, exportar a los principales países) tampoco contribuyó a mejorar la situación.

Superado, casi, el tema sanitario, con el último gran brote de aftosa de 2001 que marcó el piso de exportaciones en más de medio siglo, con apenas 126.000 toneladas en aquel año, la ganadería nuevamente trató de encaminarse hacia una recuperación consistente que le permitiera reponerse en los niveles de hace 50 años atrás, cuando Argentina había llegado a exportar más de 570.000 toneladas.

Hay que señalar, también, que por aquel entonces el rodeo brasileño era similar al local, y ambos superaban un tanto los 50 millones de cabezas.

Sin embargo, el resultado de las distintas políticas locales de intervención en los mercados, cuyo climax fue, directamente, la prohibición kirchnerista de exportar, fue lo que llevó a la caída más fuerte de stock que se tenga memoria, con una reducción superior a 20% (unas 12 millones de cabezas), equivalente a la totalidad del rodeo uruguayo que exporta a casi todo el mundo.

En este lapso Argentina también retrocedió fuertemente como exportador de carne, al punto que TODOS los países vecinos superaron su perfomance, y recién el año pasado se retomó cierta senda de crecimiento con ventas al exterior de 492.000 toneladas, todavía 15% por debajo de las ventas de 1969.

En ese ínterin los rodeos de Uruguay y Paraguay crecieron. Este último país se transformó en exportador y Brasil, que llegó a ocupar el número 1 (y ahora está entre los 3-4 vendedores más importantes junto a Estados Unidos y Australia), casi cuadruplicó su rodeo que hoy ronda las 200 millones de cabezas, mientras Argentina apenas va recuperando lo que perdió en la década pasada, y sigue en poco más de 50 millones de cabezas.

El caso es un claro ejemplo de que lo único que no se puede evitar son las “consecuencias” (de las acciones), y de que es imprescindible la memoria para no reiterar daños demasiado costosos para el país. Los funcionarios pasan, pero las pérdidas quedan….