El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

(01/ 04/ 25 – Por Susana Merlo – especial para Más Producción de La Mañana de Neuquén). Los últimos tres o cuatro años en Argentina fueron muy complicados para el campo, tanto por problemas climáticos (una sequía prolongada) como por los fuertes vaivenes políticos. Esto incluyó un controvertido gobierno nacional de Alberto Fernández (Frente de Todos), que luego dio paso a su opuesto: Javier Milei. Tras 16 meses en la Casa Rosada, Milei ha logrado avances impensados hace un año, aunque también enfrenta déficits inexplicables y es considerado, en general, un “rupturista”.

Este cóctel, cuya primera manifestación es una abrupta baja de la inflación, también significó el recorte de partidas a las provincias y una serie de ajustes que muchos sectores resisten (gremios, empleados públicos, contratistas del Estado, etc.). Sin embargo, hasta ahora, un gran porcentaje de la población sigue respaldando estas políticas. Pero, ¿hasta cuándo?

La falta de una alternativa clara también contribuye a moderar las expectativas, aunque eso no evita el malestar social. Si bien “los números de la macroeconomía” funcionan mejor de lo esperado al inicio de este proceso—según el INDEC, la economía creció un 6,5% interanual (enero 2024 – enero 2025)—, la recuperación en muchos sectores aún se demora.

El campo, sin embargo, no debería haber sido uno de los sectores más afectados, a pesar de la caída en los precios internacionales. Lo que ocurrió fue la prolongación de la sequía, que, debido a la acumulación de déficits hídricos, impactó negativamente en los rendimientos. Aunque no se esperaba un gran aumento en la superficie sembrada, la falta de lluvias impidió ese leve crecimiento y, en algunos casos, las pérdidas fueron totales.

Con la cadena de pagos muy tensa, el sector agropecuario—endeudado y con atraso en inversiones—deberá esperar a la campaña 2025/2026 para demostrar su verdadero potencial. Si el clima acompaña (todo indica que el fenómeno de La Niña, asociado a la sequía, está comenzando a revertirse), podrían darse condiciones favorables de humedad para el inicio de la siembra de granos finos (trigo, cebada, colza, etc.) en junio.

A pesar de los desafíos, es probable que los proveedores de insumos acompañen el proceso, renovando créditos y canjes. Después de todo, si no hay producción, no hay pago de deudas, y esto lo sabe todo el mundo.

La pregunta clave: ¿Qué nivel de avance se puede alcanzar? Eso dependerá de las señales y medidas que tome el Gobierno en los próximos meses. Por ejemplo, es muy probable que el recorte de las retenciones no se revierta el 30 de junio, a pesar de lo que aseguró el ministro Luis Caputo. Es posible que el Gobierno busque incentivar el adelanto del ingreso de divisas. De hecho, actualmente se comercializan trigo y maíz de la campaña en curso, mientras que la soja que se vende proviene de la cosecha anterior.

En un contexto de campaña electoral intensa—que se vive casi como una presidencial en lugar de una legislativa—, sería llamativo que el oficialismo adopte una medida tan impopular semanas antes de las elecciones. De hecho, algunos especulan con la posibilidad de que, además de mantener el recorte de retenciones, el Gobierno anuncie un cronograma de rebajas definitivas durante la inauguración de la Exposición Rural de Palermo a fines de julio.

¿Y qué pasa con la ganadería? En este sector, el panorama es más claro. Los precios internos y de exportación están sostenidos, y se espera que continúen así. Además, ahora hay buena humedad en muchas zonas del país, y los precios de los granos para alimentación están relativamente bajos. El mayor temor radica en las históricas intervenciones del Estado cuando los precios de la carne se recalientan. Sin embargo, en un gobierno “anarcoliberal” como el actual, esa posibilidad parece más lejana.

En realidad, todos los ojos están puestos en el acuerdo con el FMI que se espera para mediados de abril, cuando el Presidente Javier Milei va a estar en Washington, y que va a hacer la Argentina con el “monto de libre disponibilidad” que lleva incluido. La reacción del sector financiero será crucial, ya que algunos sectores presionan por una devaluación, aunque el Gobierno niega que eso vaya a ocurrir en el corto plazo. También es innegable el alto costo de la política tributaria, el impacto del desdoblamiento cambiario y la presión de los impuestos provinciales y municipales.

Otros factores que complican la recuperación incluyen las cargas laborales, sindicales y de ART, que hacen difícil no solo contratar más personal, sino incluso mantener el actual. Sin una reforma laboral profunda, más simple y menos costosa, la situación seguirá siendo crítica.

Si bien es probable que tras el acuerdo con el FMI aumenten las inversiones—actualmente frenadas por las indefiniciones del Gobierno—, también será fundamental la confianza interna. Hoy, el mayor inversor del país sigue siendo el sector agroindustrial, que cada año inyecta miles de millones de dólares en la economía.

No es solo un tema de retenciones para el campo

Las retenciones no son el único problema que tiene hoy el campo. De hecho, hay sectores sin retenciones que tampoco logran despegar debido a costos de transporte, falta de competencia en los servicios, trabas sindicales, ausencia de infraestructura y otros problemas estructurales.

Si no son las retenciones, deberá ser otra cosa—o un conjunto de factores—lo que permita a la agroindustria recuperar el optimismo y la visión de futuro. Solo así podrá volver a ser el motor clave de la economía y salir del estancamiento de los últimos 25 años.

Se necesitan medidas concretas. El Gobierno, tanto el Ejecutivo como el Legislativo, debe impulsar cambios estructurales que permitan:

  • Aumentar la superficie sembrada de granos, hoy estancada en 40 millones de hectáreas.

  • Frenar la caída del rodeo vacuno.

  • Superar los 10.500-11.000 millones de litros anuales de leche producidos desde los años ‘90.

  • Detener la desaparición de fruticultores y la reducción del stock ovino, entre otras tantas economías regionales hoy en crisis.

Sin decisiones concretas y un rumbo claro, el campo difícilmente pueda salir del actual letargo y retomar su papel como protagonista de la economía nacional.

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